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Niños entre rejas en Bélgica

Refugiados cruzando la frontera con Macedonia (iStock)

 

Con motivo de la constante llegada de inmigrantes, el Gobierno de Bélgica ha vuelto su mirada a 2002 para recuperar una política que promete polémica: la detención y el encierro de los menores inmigrantes.

El secretario de Migración belga, Theo Francken -firme defensor de la mano dura con los inmigrantes y principal artífice de esta medida-, sostiene, sin embargo, que esta es una política positiva para los menores: Si llegan al país con sus familiares o allegados, las medidas pretenden que estos no se dispersen ni se separen los unos de los otros. Si los menores llegan en solitario -al menos 8 son detectados cada día sin compañía de adultos en el país belga- las medidas pretenden protegerles de las calles y caer en manos de las mafias.

Por su parte, las ONG’s que trabajan con estos colectivos condenan la medida. “No hay ninguna necesidad de hacer eso. Nunca se hace en el interés del menor”, afirma Tine Vermeiren, de la Plataforma Menores en el Exilio. Esta experta opina que el encierro es contraproducente y argumenta que los resultados siempre son mejores cuando a los menores se los instala en centros abiertos y acuden a la escuela de forma diaria.

Vermeiren añade que, por si lo anterior fuera poco, encerrarlos sale el doble de caro que tener a estas personas en centros abiertos. Por otra partre, diversos médicos y psicólogos advirtieron en 2016 de que el 85% de los padres y los hijos retenidos en centros de inmigrantes presentaban trastornos mentales.