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Intervida recuerda que la desertificación se cobra cada año 120.000 kilómetros cuadrados de árboles y afecta a más de 250 millones de personas

16 de Septiembre de 2015 | Todas

Madrid (17/06/2008). Con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, INTERVIDA quiere recordar que un tercio de la superficie terrestre está amenazado por la desertificación, y más de 250 millones de personas se hallan directamente afectadas por este fenómeno, según datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Una de las causas de este proceso es la tala de árboles. De hecho, se calcula que en las dos últimas décadas se ha producido la deforestación de más de 120.000 km2 anuales, mientras que sólo se ha recuperado una décima parte de dicha pérdida por el crecimiento natural y las labores de reforestación. Ante este problema, INTERVIDA en Malí, en colaboración con la Asociación de la Bóveda Nubia, apuesta por una nueva técnica arquitectónica que sustituye la madera como material para la construcción de las cubiertas y estructuras de las distintas edificaciones.

La desertificación es un proceso de degradación de las tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas que afecta a una quinta parte de la población mundial. A causa de este proceso, cada año desaparecen 24.000 millones de toneladas de tierra fértil, lo que supone una importante pérdida de recursos naturales para un gran número de poblaciones que dependen de estos recursos para su subsistencia. Más de 110 países cuentan con tierras secas potencialmente amenazadas por la desertificación, principalmente en África, Asia y América Latina.

En África, por ejemplo, dos tercios del continente es desierto o zona árida. Este fenómeno comprende extensas zonas geográficas áridas, de las cuales, casi tres cuartas partes ya se han degradado en alguna medida. Lo más grave de esta situación es que muchos países africanos dependen de sus recursos naturales para la subsistencia, por lo que la desertificación de África está fuertemente vinculada a la pobreza, la migración y la seguridad alimentaria.

Entre las principales causas de la degradación de las tierras en las zonas áridas cabe mencionar la deforestación y la degradación de las formaciones arboladas y arbustivas y la sobreexplotación de bosques y montes claros. Esta situación es de una gravedad extrema porque los bosques y árboles potencian las estrategias de litigación de la pobreza y reducen la inseguridad alimentaria, ya que proporcionan a las poblaciones con menos recursos bienes –especialmente leña, materiales para la construcción y productos no madereros– y servicios medioambientales y ayudan a la diversificación de las fuentes de ingreso de los hogares.

En las zonas en las que INTERVIDA desarrolla los proyectos, las poblaciones utilizan grandes cantidades de madera para la construcción de los techos de sus hogares. La deforestación que está sufriendo la zona provoca que cada vez sea difícil encontrar maderas para los hogares, por lo que las poblaciones se ven obligadas a comprar chapa y maderas importadas para cubrir sus casas. Esto provoca el endeudamiento de las familias; además, la utilización de la chapa intensifica las duras condiciones climáticas de calor y frío, añade ruido cuando se producen lluvias fuertes y desnaturaliza la estética tradicional del hábitat.

Conscientes de esta situación, los equipos de INTERVIDA en Malí, en colaboración con la Asociación de la Bóveda Nubia, apuestan por una alternativa arquitectónica inteligente y duradera a las construcciones de materiales importados a través del Programa Tejados de Barro en el Sahel. Se trata de una técnica que sustituye la madera y la chapa por tierra cruda como material para los tejados y estructuras de casas y edificaciones. El objetivo del proyecto es que las poblaciones aprendan y pongan en práctica esta técnica para disminuir la deforestación relacionada con la construcción.

La técnica de la bóveda nubia permite reemplazar las cubiertas de chapa por bóvedas montadas sólo con tierra cruda –utilizada en forma de ladrillos y morteros– y apoyada sobre muros de carga, construidos también con tierra cruda o en bloques de laterita, sin necesidad de encofrado. Estas bóvedas, construidas siguiendo un método simplificado, estandarizado y utilizando únicamente herramientas locales, son de una solidez y una impermeabilidad comprobadas, algo fundamental en una zona donde las lluvias pueden ser muy fuertes.