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CAMPAÑAS |
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Un amigo no se compra
Antes de hacerte responsable de un perro o un gato, debes pensar seriamente si serás capaz de garantizarle los cuidados y el cariño que necesita. Si después de recapacitar sobre ello decides compartir tu vida con un perro o un gato, NO LO COMPRES: ADÓPTALO. La cría y venta de animales domésticos es una de las causas principales del abandono, y comprando un animal de compañía contribuyes al trágico ciclo que se origina desde el nacimiento de millones de animales que se enfrentan a una enorme escasez de hogares.
Muchas veces, cuando el animal crece y exhibe ciertas conductas y necesidades ligadas a las fases del crecimiento, se convierte en una molestia cuya solución casi siempre suele ser olvidarlo en el patio trasero, intentar dejarlo en un centro de acogida o, simplemente, abandonarlo. En el primero de estos casos el animal sufre un abandono emocional marcado por el rechazo, lo cual convierte su vida en un infierno de soledad y aburrimiento. En el segundo caso, los dueños se ponen en contacto con protectoras locales o centros de acogida (perreras). No se tiene en cuenta que, en primer lugar, las protectoras y las perreras suelen estar tan saturadas de animales abandonados que no pueden hacerse cargo de un animal más. Por otra parte, por ley, las perreras no aceptan animales de manos de particulares. Sin embargo, la mayor diferencia a tener en cuenta entre las protectoras (de gestión privada) y las perreras o centros de acogida (de gestión municipal), es que en estas útimas se sacrifica a los animales para los que no se consiguen adoptantes. Por fin, en el caso del abandono puro y simple, el desalmado suele llevarse al animal lo más lejos posible y soltarlo a su propia suerte. Éste, en un estado de infinita desolación, acabará atropellado, como cebo de peleas clandestinas, abierto en canal en un laboratorio, torturado por energúmenos o, en el mejor de los casos, terminará sus días en una perrera.
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